
El modelo o proceso Kimberley consiste en un método de certificaciones de origen que se diseñó para impedir el flujo de los llamados “diamantes de sangre” (ya que constituyen la principal fuente de financiación para ejércitos y guerrillas a los mercados normalizados). Es importante destacar que, más o menos, el 97% del mercado de diamantes se rige por este sistema.
Fallos del sistema:
No está sujeto a un control obligatorio e imparcial por lo que no hay garantías efectivas de que todos los diamantes sean identificados y retirados del mercado. Como no hay un sistema de revisiones independientes y periódicas de todos los países es muy probable que se hagan compras y ventas clandestinas de estos diamantes por parte de un país sin certificación a un país certificado (contrabando).
Por otro lado, este sistema, en ocasiones, es incapaz de probar el origen de sus diamantes. Para países económicamente dependientes de la exportación de diamantes, este es un castigo sustancial ya que le impide vender sus diamantes con una gran parte del resto del mundo (este caso se dio, por ejemplo, con el Congo ya que fue expulsado del sistema de certificación por esta causa).
Otro de los problemas que encuentran estas políticas de bloqueo es simplemente la imposibilidad de determinar irrefutablemente el origen de los minerales o de los metales ya tratados. Para muchos el método Kimberley no garantiza de forma absoluta el comercio de los diamantes de sangre pero si es reconocido que supone un importante obstáculo.
Por último, uno de los fallos más importantes sería la falta de seguridad que puede provocar este sistema respecto a la facilidad que puede tener un gobierno a la hora de falsificar las garantías de certificación con el fin de obtener beneficios económicos.
La solución a todos estos problemas, en mi opinión, sería aumentar la seguridad en las certificaciones para comprobar si pertenecen a dicho sistema o algún país en conflicto. Además, sería conveniente establecer un sistema habitual de revisiones de esos certificados encargado a gente cometerte que tenga un interés imparcial.
Fallos del sistema:
No está sujeto a un control obligatorio e imparcial por lo que no hay garantías efectivas de que todos los diamantes sean identificados y retirados del mercado. Como no hay un sistema de revisiones independientes y periódicas de todos los países es muy probable que se hagan compras y ventas clandestinas de estos diamantes por parte de un país sin certificación a un país certificado (contrabando).
Por otro lado, este sistema, en ocasiones, es incapaz de probar el origen de sus diamantes. Para países económicamente dependientes de la exportación de diamantes, este es un castigo sustancial ya que le impide vender sus diamantes con una gran parte del resto del mundo (este caso se dio, por ejemplo, con el Congo ya que fue expulsado del sistema de certificación por esta causa).
Otro de los problemas que encuentran estas políticas de bloqueo es simplemente la imposibilidad de determinar irrefutablemente el origen de los minerales o de los metales ya tratados. Para muchos el método Kimberley no garantiza de forma absoluta el comercio de los diamantes de sangre pero si es reconocido que supone un importante obstáculo.
Por último, uno de los fallos más importantes sería la falta de seguridad que puede provocar este sistema respecto a la facilidad que puede tener un gobierno a la hora de falsificar las garantías de certificación con el fin de obtener beneficios económicos.
La solución a todos estos problemas, en mi opinión, sería aumentar la seguridad en las certificaciones para comprobar si pertenecen a dicho sistema o algún país en conflicto. Además, sería conveniente establecer un sistema habitual de revisiones de esos certificados encargado a gente cometerte que tenga un interés imparcial.
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